“Abendu santu honetan…” (Autor: Asier Madarieta Juaristi)

Los novenarios, que recuerdan el nacimiento de Cristo, destacan entre las tradiciones navideñas vascas ◗ Gernika, con sus ‘Marijeses’, y Ea, con el ‘Abendu’, ejemplos notorios de estos actos religiosos.

 

LA época navideña, en la que celebramos el nacimiento de Jesús, es prolija en acontecimientos y actividades que vienen a recordar o celebrar este hecho. En nuestra tradición cristiana, a pesar de que actualmente se imponga cada vez más la faceta consumista, continúan, sin embargo, latentes en pueblos y ciudades tradiciones navideñas de profundo valor y significado. Entre estas tradiciones navideñas una de las más curiosas son los novenarios que recuerdan el nacimiento de Cristo. A principios del siglo XX, eran muchas las localid des en las que se llevaba a cabo esta tradición. Así por ejemplo, en una encuesta realizada por José Miguel Barandiaran en 1922 en el Anuario de Eusko Folclore, mencionaba cerca de once localidades, a las que un estudio posterior sumaba otras nueve más, entre las que podemos destacar ejemplos tan distantes geográficamente como Oiartzun, Forua, Zalla o Altsasu. Sin embargo, son pocas las localidades que actualmente mantienen algún ves- tigio de esta tradición y quizá las más destacables puedan ser las de las localidades vizcainas de Ea y Gernika.

Más conocida es Gernika, donde los denominados Marijeses llevan a cabo también el novenario. Sin embargo, en el caso de la tradición de Ea es importante constatar que las canciones entonadas e, incluso, el mismo desarrollo del novenario apenas han sufrido variaciones a lo largo de estos siglos, lo que la hacen especialmente destacable.

Conocida en Ea como Abendu esta tradición navideña es protagonizada por un grupo de niñas y niños de entre 8 y 14 años. El nombre de la tradición proviene de la palabra abendu  (diciembre  en  euskera) heredera del latín adventum que hacía referencia a la época navideña. Con la palabra Abendu comienza también la primera de las canciones cantadas durante estas nueve noches Abendu Santu honetan... El Abendu comienza a entonarse el día 15 de diciembre de cada año y se prolonga hasta el día 24. Los protagonistas son los llamados Abendu Neska-Mutilak,  quienes  durante nueve noches cantan por las calles de la localidad diversas melodías que anuncian el nacimiento de Jesucristo. Estos niños y niñas acuden de forma voluntaria a cantar y su única recompensa es el aguinaldo que reciben en la cuestación que ellos mismos realizan el último día. El grupo de cantantes del Abendu forma en fila de a dos. En la primera fila se disponen el solista a la izquierdaya la derecha el farolero, esto es, la persona que sostiene el farol. Detrás de ellos y completando las filas, el resto de miembros del grupo. La comitiva avanza por las calles mientras va cantando con la única ayuda de las varas o makilas que portan todos los miembros del grupo y cuya función es la de reforzar al cantante y unificar el ritmo además de dar cohesión. El día 24, último en que se realiza la ronda, el solista sustituye su makila por la campanilla, y mientras suenan las voces del coro, dos miembros de este portan la cruz o pásticum, abreviatura de la expresión latina pax tecum (la paz sea contigo), que ofrecen a los oyentes, así como la bolsa donde recaudan el aguinaldo navideño que luego será distribuido entre todos los cantores.

Son cuatro las canciones que constituyen el conjunto del cancionero del Abendu de Ea: las llamadas Abendu, Mendian, Sakramentu y Da Bart Belenen. Centrándose todas en el nacimiento de Jesucristo, cada una de ellas aborda a su vez una temática diferente desde el relato del Antiguo y Nuevo Testamento en el caso de la canción Abendu, hasta la temática pastoril del Mendian, recurso utilizado para acercar el relato a las capas más humildes de la sociedad.

El ‘Abendu’ comienza a entonarse en Ea cada 15 de diciembre y se prolonga hasta el día 24 del mismo mes.

La Iglesia prohibió estas representaciones en los templos, pero la gente siguió con ellas en las calles de los pueblos.

ORIGEN

No son muchos los estudios que nos ayudan a conocer el origen de la tradición de los novenarios navideños. Inicialmente, contamos con la recopilación realizada por Resurrección María de Azkue en su cancionero popular vasco al hacerse eco de las coplas que se cantaban en Otxandio, Zeanuri, Legutio o Gernika y que publicó dentro del apartado de canciones de ronda bajo el significativo título de Abendu Santu onetan. Más recientemente debemos destacar sin duda el trabajo del gernikarra José Antonio Arana Martija bien en una serie de artículos escritos a finales de la década de los 70 o en el libro Canciones de Navidad escrito en 1981 y publicado por la entonces Caja de Ahorros Vizcaína dentro de su colección Temas Vizcaínos.

Sostiene Arana que la tradición de las canciones de ronda navideña “no pertenecen al género de los villancicos” sino que “son un residuo de una pieza teatral escrita en romance vasco. Escrita y por supuesto, cantada al estilo de las pastorales”. Es interesante esta afirmación por cuanto nos sitúa en el verdadero origen y significado de estos novenarios. No serían villancicos por cuanto estos no nacen en nuestra cultura hasta el siglo XVII. Además, mientras el villancico es, en palabras de Arana Martija, “una simple anécdota espigada en el amplio abanico de motivos que nos ofrece la Navidad”, sin embargo las canciones del Abendu o los Marijeses tratan el tema del nacimiento de Jesús de una forma detallada y amplia, además de cronológica. Es por ello que estaría más relacionada con una pieza teatral de carácter religioso y que antiguamente se representaba seguramente en las mismas iglesias con la misión de instruir en las enseñanzas de la Biblia y el Evangelio a los fieles que no sabían leer ni escribir.

En estos teatros la figura principal era Jesús y se representaban los aspectos principales de su vida: su nacimiento, primeros años, milagros, la pasión y su crucifixión. De hecho los teatros se representarían seguramente en diversas épocas del año, coincidiendo con la temática del mismo. Las representaciones se complementarían a veces con los sermones de los sacerdotes que aprovecharían para interpretarlos ante los fieles e incidir en los aspectos de mayor importancia. Como es natural, las piezas teatrales relativas al nacimiento de Cristo pasarían a representarse en la época de Navidad y las relativas a su crucifixión, durante la Semana Santa. Testigo claro de estas últimas serían las representaciones de la Pasión que todavía hoy se mantienen vivas en varios pueblos. Incluso las procesiones, habituales tam- bién en muchos municipios, podrían derivar de estas antiguas representaciones teatrales de la Semana Santa.

Mediante el juego de unir letra y música en una pieza teatral se lograba además fijar en el subconsciente del espectador la letra porque como afirma el sacerdote Manuel Lekuona en su obra Literatura oral vasca aunque la incorporación de la música tiene una finalidad estética, sin embargo no es menos importante el propósito que cumple de perpetuar la letra en la memoria.

 

PROHIBICIÓN EN LAS IGLESIAS

Pero las piezas teatrales de carácter religioso que se difundieron por nuestro país fueron cortadas por los nuevos aires que se impusieron en la Iglesia hacia el siglo XVIII. En concreto en el año 1749, el Papa Benedicto XIV publicó la encíclica Annus qui sobre la música sagrada, en la que criticaba las representaciones musicadas teatrales que se llevaban a cabo en las iglesias. Como consecuencia de ello los obispos comen- zaron a ordenar la suspensión de todas aquellas representaciones teatrales de carácter religioso que estuvieran o fueran representadas en las parroquias.

El 1 de agosto de 1751, dos años después de la encíclica del Papa, el obispo de Iruñea, Gaspar de Miranda, ordenaba: “Destiérrense de las iglesias todas las músicas, villancicos minuets, arias, representaciones y farsas que no consuenen con las sapientísimas disposiciones de nuestro Santísimo Papa Benedicto XIV”. Parecidas disposiciones fueron dictadas en la diócesis de Calahorra, por lo que todas las tierras vascas del sur del Pirineo quedaron privadas de las representaciones teatrales en las iglesias.

Numerosos investigadores y antropólogos vascos se han interesado por el origen de esta tradición.

Pero no debieron ser estas medidas del agrado de los fieles en general, estando como estaban las representaciones teatrales arraigadas, considerándose ya como parte del acervo cultural del pueblo, incluso más allá de su significación religiosa primera. Así, en muchos lugares, los propios habitantes de los pueblos decidieron continuarlas al margen de la Iglesia. Prohibidos los templos como espacios para la representación, ésta se trasladó en primer lugar a los pórticos y más tarde a lugares fijos como plazas. En una siguiente evolución, se acomodaron las piezas para hacerlas itinerantes por las calles, utilizando para ello un recorrido prefijado. De este modo se adaptaron “guiones” y canciones y el teatro original pasó a ser una representación de ronda. De aquí puede arrancar la tradición de las canciones de ronda navideñas como el Abendu cantado en Ea o los Marijeses de Gernika.

En la tradición tal y como se lleva a cabo en la actualidad perviven algunos gestos y hechos que recuerdan al carácter teatral y su representación dentro de los templos, como el gesto de arrodillarse que los cantores y cantoras realizan al pasar por una iglesia o la existencia de tres piezas musicales que se entonan por días, y que refieren seguramente a los tres actos de la desaparecida pieza teatral. Seguramente el primer acto, reflejaría el saludo inicial y pasaría a contar de forma resumida el misterio de la Creación, de la comisión del Pecado Original y la necesidad de enviar al hijo de Dios para salvar al hombre de este pecado. El segundo acto recogería la Anunciación a los pas- tores del nacimiento de Jesús y la llegada de los Reyes Magos. Finalmente, se reservaría para el último de los actos la celebración del nacimiento de Jesús. Sin embargo es lógico pensar que con el paso de los años estas estrofas han podido ir mezclándose, variando e incluso creándose unas nuevas, a partir del momento en el que la pieza teatral dejó de existir como tal y pasó a convertirse en una canción de ronda. Otra de las características que nos remiten a una pieza teatral es la duración de la ronda, cercana a la hora y media y los diálogos entre el solista y el coro.

Estamos, finalmente, ante una obra teatral escrita en romance vasco. Siguiendo a Jesús María Leizaola, la característica de un romance vasco es que desarrolla una acción más o menos larga, separada a veces en episodios, en la que hay un dialogo entre los perso- najes, y que se sirve del presente para hacer la acción más real y más presente a los espectadores. Finalmente, el romance vasco es una composición en verso hecha exclusivamente para ser cantada, como en el caso de las canciones que com- ponen el Abendu. El mismo Leizao- la concluye en su obra que “las relaciones entre el romance vasco y el teatro son manifiestas”.

 

INVESTIGACIONES

En cuanto al origen de los textos de este novenario, las investigaciones actuales citan el libro del sacerdote durangués Nicolás Zubia, nacido en 1647 y muerto en 1694. En su Christiana en Bas- quence publicado en 1691 y recogido por otro sacerdote durangués, José Lezamiz en 1799, aparecen diversas coplas y canciones, entre ellas las Coplas a la Encarnación y Nacimiento de Nuestro Señor Jesu Christo, que con algunas variaciones refieren claramente a las letras cantadas hoy día en Ea y Gernika por ejemplo. Sin embargo, el hecho de que Zubia no se atribuya la autoría de las coplas hace pensar que estas fueran anteriores y en realidad el sacerdote se limitara a recoger de forma escrita una tradición que ya con anterioridad se hallaba muy extendida entre la población. En los siglos siguientes, la tradición de las rondas navideñas fue en cierta medida despreciada por las ideas ilustradas a pesar de intentos como el realizado por la Sociedad de Amigos del País de Azkoitia. Fue años después cuando el Romanticismo y su gusto e interés por toda la tradición popular hizo que renacieran nuevamente en toda Europa y también en nuestro país. Así sería cómo estas canciones y sus estrofas fueron publicándose en forma de bertso paperak  y circularon por diversas localidades. Además es conocida la tradición del bertsolarismo en nuestro país por lo que estas estrofas en principio recogidas por Zubia, que tampoco sabemos si eran únicas o formaban parte de un corpus mayor, fueron segu- ramente circulando por pueblos y comarcas siendo adaptadas a las singularidades idiomáticas locales, aumentadas, suprimidas, etc.

De este modo ha llegado a nuestros días esta tradición navideña que constituye un valor cultural más dentro del rico repertorio navideño que en estas fechas podremos disfrutar en nuestros pueblos y ciudades.

 

Este artículo fue publicado por primera vez en el DEIA, el Sábado 26 de diciembre de 2009.

Compártelo
Share

Related posts

Leave a Comment