El anonimato de miles de vascos ocultos en simas (Autor: Iban Gorriti)

Varios espeleólogos realizan labores de búsqueda en el raso de Urbasa. (Sociedad de Ciencias Aranzadi)

SON miles las víctimas de la Guerra Civil (1936-1939) que permanecen aún enterradas en fosas comunes repartidas por la CAV y Nafarroa. El forense Paco Etxeberria tiene claras sus conclusiones al respecto: “Para ocultar un crimen se utilizan los recursos más cómodos en la percepción del victimario. Si hay pozos, simas o acantilados son una solución”. A juicio de este representante de la Sociedad de Ciencias Aranzadi esa forma de actuar ha sido “siempre así”. La Guerra Civil no fue una excepción: el balcón de Pilatos, Urbasa, el paseo nuevo en Donostia, las rocas de Igeldo, Arrasate… Todo ellos “son lugares de memoria como la sima de Otsoportillo donde se celebra un homenaje todos los años desde la década de los 80”, enfatiza.

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1945 la victoria escamoteada (Autor: Iñaki Goiogana)

La recreación del sábado 6 de junio en Punta Lucero simbolizará el nunca realizado desembarco aliado en la Euskadi dominada por la dictadura de Franco.

En la primavera de 1945 en el rostro de los exiliados vascos, y cabe decir que en la de todos los antifascistas vascos, se dibujaba una amplia sonrisa. Una sonrisa que no era otra cosa que la expresión de una esperanza en la pronta solución al conflicto iniciado casi una década antes con la guerra de 1936. Efectivamente, era cuestión de semanas que los Aliados llegaran a Berlín (la discusión era sobre quién haría ondear antes su bandera, si los occidentales o los soviéticos) y con ello finalizara la más cruel de las guerras habidas jamás y comenzara una nueva era en la que, si bien no se acabaría con los odios, las guerras y las diferencias entre los grupos humanos, los conflictos se encauzarían por caminos más civilizados. Durante los seis años de conflicto, a la vez que se luchaba en los frentes, se teorizó muchísimo sobre la posguerra. Las cinco décadas del siglo trascurridas habían demostrado de sobra que las personas eran muy capaces de casi borrar la existencia humana de la tierra, pero ahora, cuando finalizaba el lustro más mortífero de la historia, era el momento para poner las bases de un futuro lo más justo posible. Justo en lo social y justo en lo político.

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El espacio histórico del Cinturón de Hierro, el Normandía vasco (Autor: Iban Gorriti)

AYER dio sus primeros pasos el portal web www.elcinturondehierro.net, un proyecto único, una iniciativa de desarrollo aplaudible, un plan lleno de futuro, hecho “con pocas perras y sin ayudas, pero con el corazón y muchas ganas”, apuntan desde el colectivo impulsor, Sancho de Beurko.

Página web sobre el Cinturón de Hierro de Bilbao creada por la asociación Sancho de Beurko.

El Espacio histórico del Cinturón de Hierro es una alegoría con la que esta asociación de estudio de la Guerra civil en Euskadi pretende poder visualizar por primera vez un espacio físico y virtual donde pueda verse el sistema de fortificación formado por túneles, búnkeres y trincheras que se construyó durante la Guerra Civil como una entidad propia. “Tiene muchos paralelismos con el espacio histórico del desembarco de Normandía, si bien no es más que un humilde comienzo, un embrión, en el que la asociación pretende unir a todos aquellos agentes que han colaborado con ella en la puesta en valor de este patrimonio construido”, valora Guillermo Tabernilla, de Sancho de Beurko.

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Juan José Badiola y Sabino Arana, una relación de amistad (Autor: Andres Urrutia; fotografías: Sabino Arana Fundazioa)

Ermita de San Antonio de Abiña, en Sukarrieta, en la que contrajeron matrimonio Sabino Arana y Nicolasa de Achicallende.

CONOCEDOR por la memoria familiar de algunos de los avatares vitales de Juan José Badiola Gabicagogeascoa, el sacerdote que casó a Sabino Arana Goiri, creo que es una buena ocasión para poner de relieve la personalidad de este presbítero vascófilo. Según los datos del Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia, al que agradezco esta información, Juan José Badiola nació en Akorda (Ibarrangelu) el día 24 de junio de 1870, fue ordenado sacerdote en Gautegiz Arteaga en 1895 y durante 35 años fue titular de la parroquia de esta localidad hasta su partida a Cuba, a finales de los años 20 del siglo pasado.

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