Económicamente vascos

La prima de riesgo es uno de esos términos económicos con los que nos hemos terminado familiarizando por culpa de los años de crisis económica.

La prima de riesgo es el sobreprecio que paga un país para financiarse en los mercados en comparación con otros países. Su valor es subjetivo, pues depende de la confianza que un país inspire en los inversores para comprar su deuda soberana. A más confianza de los inversores, menor será el interés y más baja será la prima de riesgo de ese país.

Los préstamos que se conceden unos países a otros se denomina deuda pública. Estos préstamos, lógicamente, tienen unos intereses. Si un país tiene problemas para cumplir con los pagos de sus préstamos, más grandes serán los intereses a los que tendrá que hacer frente. En función a esto, para calcular de forma teórica la prima de riesgo se toma como referente al país con menos interés de deuda (en la zona euro ese país es Alemania) y se le compara con los demás, estableciendo unas diferencias en puntos básicos. Si el país X es el que tiene menor interés, fijado por ejemplo en un 1%, y el país Y tiene un interés del 3%, la prima de riesgo de Y se calculará restando 3-1 y multiplicándolo por 100, situándose su prima de riesgo en 200 puntos básicos. Aunque, al margen del cálculo teórico, será la confianza de los inversores la que influya a la hora de fijar la prima de riesgo de un país. Y la confianza que los inversores depositen en un país, dependerá, en gran parte, de la imagen que este proyecte.

La imagen de corrupción e incompetencia que la marca España proyecta hacia los demás países ha sido la gran culpable de que todo el estado español haya sufrido una altísima prima de riesgo durante años, que ha desangrado a la economía estatal y a todo el sector industrial.

En muchas ocasiones se comete el error de centrar los debates de identidad nacional únicamente en aspectos de índole sentimental. Pero, de vez en cuando, habría que alejar del terreno sentimental o ideológico los debates de identidad nacional, para centrarlos en el terreno económico.

Te sientas vasco, español o chino, lo cierto es que si vives en la nación vasca, has estado sufriendo durante años las consecuencias de una prima de riesgo española, muy superior a la que a la economía vasca le corresponde.

Al comienzo de la crisis económica, en el año 2008, las finanzas públicas vascas estaban mucho más saneadas que las españolas. Y durante todos los años de crisis, nuestras cuentas públicas han permanecido mucho más fuertes que las españolas, aun teniendo que soportar los problemas causados por la prima de riesgo. No olvidemos que esa elevadísima prima de riesgo de los españoles ha dificultado el acceso al crédito a las empresas vascas, causando el cierre de muchas y frenando el crecimiento de muchas otras. Eso, al final, desemboca en el aumento del desempleo. Muchas de las miles de personas desempleadas en Euskadi a lo largo de estos últimos años le deben su situación a la prima de riesgo española.

Si al comienzo de la crisis económica la nación vasca no hubiese formado parte del estado español, no hubiese sufrido las consecuencias devastadoras que ha tenido la prima de riesgo española. Ni se hubiesen producido tantos cierres de empresas ni se habrían alcanzado las tasas de paro a las que hemos llegado. Ese es el precio de tener que ser a la fuerza, económicamente hablando, españoles.

Cuando un país vive ahogado por su prima de riesgo, se ve obligado a acometer brutales recortes económicos para poder hacer frente al pago de esos intereses.

Es una gran injusticia que la economía vasca y nuestra marca como país tenga que sufrir el castigo que los mercados infringen a España. Es como cuando de niños uno cometía una travesura y el maestro, injustamente, castigaba a toda la clase.

Los vascos no somos culpables de la deuda española y de su imagen de país corrupto, pero pagamos sus consecuencias más que ningún otro territorio del estado español. En Euskadi tenemos un tejido industrial muy diversificado, y este se ha visto severamente castigado por la situación económica de España y de su imagen.

Los vascos tenemos que aspirar a que en Europa se nos reconozca una marca propia, con su correspondiente prima de riesgo. Dentro del estado español ya disfrutamos de nuestra propia autonomía fiscal, y eso es algo que también debería reconocérsenos en la Unión Europea.

Aquellas y aquellos que dicen sentirse vascos y españoles deberían pensar en su propia economía familiar, y darse cuenta de que estar asociados a la marca España a los vascos nos sale muy muy muy caro.

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