La consulta mundial

Hace muchos años que venimos escuchando a los dirigentes políticos españoles defender el absurdo de que si en Euskadi o en Catalunya se celebra una consulta por el derecho a decidir o un referéndum por la independencia, todas las regiones españolas deberían participar en esas votaciones.

Ese planteamiento no hace más que acrecentar la certeza de que, desde el estado español, siguen considerándose en el derecho de decidir por nosotros, pretendiendo imponernos sus caprichos a perpetuidad.

Las comunidades autónomas españolas de Andalucía, Madrid, Valencia, Galicia, y Castilla y León tienen un mayor número de habitantes que la llamada Comunidad Autónoma Vasca. Y con respecto a Catalunya, Andalucía supera en número de habitantes a los catalanes. Según estos índices poblacionales, en una hipotética consulta o referéndum vasco, bastaría el voto emitido desde Castilla y León para decidir el resultado. Por su parte, en una hipotética consulta o referéndum catalán, serviría el voto emitido desde Andalucía para decidir el resultado. Resumiendo, que en esas hipotéticas consultas o referéndums vascos o catalanes ni siquiera haría falta que los ciudadanos vascos o los ciudadanos catalanes acudiéramos a las urnas pues, votásemos lo que votásemos, siempre ganaría lo impuesto desde las regiones españolas con más volumen poblacional.

El hecho de que nos traten de imponer que el futuro de Tolosa o de Bermeo lo decidan en Valladolid o Salamanca me parece una provocación y un claro intento de humillar al pueblo vasco. Del mismo modo que considero también una insultante provocación la idea de que el futuro de Sabadell o de Lloret de Mar lo pretendan decidir desde Cádiz o Córdoba.

No es necesario celebrar ningún tipo de consulta ni referéndum para saber qué opinan los españoles del derecho a decidir del pueblo vasco o del pueblo catalán.

Pese a que muchos ciudadanos españoles demuestran sentir una gran antipatía hacia todo lo vasco y hacia todo lo catalán, son conscientes de que una España sin vascos ni catalanes se hundiría económicamente. Y ante una situación así, no es de extrañar que se opongan a cualquier cambio.

Para exigir que las regiones españolas voten en nuestras consultas o en nuestros referéndums, los políticos españoles esgrimen un endeble argumento, que no se tiene en pie. Se apoyan en la idea geopolítica de que si Euskadi y Catalunya están a día de hoy integrados en el estado español, entonces su destino lo deben decidir todos los habitantes del estado español.

Si aceptamos este inconsistente y simplista planteamiento geopolítico, entonces, ¿por qué limitar el voto solo a los habitantes del estado español?

Si los políticos españoles quieren llevarnos hacia esas ridículas posturas geopolíticas, pues dejémonos por un instante arrastrar por ese delirante sinsentido. Euskadi, por el momento, está dentro del estado español, y por eso dicen que en nuestras consultas deben votar todos los ciudadanos del estado español. Pero el estado español está dentro de la península Ibérica, por lo que en las consultas vascas deberían votar también todos los habitantes de Portugal, Andorra y Gibraltar. Pero la península Ibérica forma parte de Europa, y, según eso, también todos los ciudadanos europeos de todos los pueblos y ciudades deberían votar en las consultas vascas, desde la más bucólica de las localidades austriacas hasta el más recóndito y helado paraje de Siberia. Y a su vez, Europa forma parte del planeta Tierra, por lo que todos los ciudadanos de todas las localidades de todas las regiones de todos los países de todos los continentes del mundo deberían también votar en las consultas vascas, desde las más cálidas islas caribeñas hasta las más pobladas ciudades chinas.

El hecho de que Euskadi esté a día de hoy geopolíticamente integrado en el estado español, no es argumento suficiente como para que personas que no habitan en Euskadi voten en las consultas o referéndums vascos.

Por mucho que algunos políticos españoles quieran reinventar la historia del pueblo vasco, lo cierto es que los habitantes de Moscú, los habitantes de Tokio o los habitantes de Nueva York tienen el mismo inexistente derecho a votar en las consultas y referéndums vascos que los habitantes de Madrid, los habitantes de Murcia o los habitantes de Sevilla.

El destino de Euskadi es algo que solo le incumbe a todas y cada una de las personas que vivimos en Euskadi. Cualquier otro argumento no es más que una patética estrategia, utilizada para retrasar en el tiempo lo inevitable.

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