Yo no pude elegir

Cuando se habla de la Constitución, hay muchos políticos y periodistas españoles que suelen hacer uso de una frase cargada de cinismo. Me refiero a cuando afirman que la Constitución es el texto que aprobamos todos los ciudadanos y con el que todos nos dotamos de unos derechos.

Yo nací en el año 1975. ¿Qué aprobé yo? ¿De qué derechos me doté yo? ¿Qué he podido votar o decidir yo en relación a la Constitución del estado español?

La Constitución española es un texto que fue sometido a referéndum para que votasen en él las mujeres y los hombres nacidos antes de la década de los años sesenta del siglo XX. Así que los nacidos en las décadas de los años sesenta, de los años setenta, de los años ochenta o de los años noventa ni hemos votado nada ni hemos decidido nada ni nos hemos dotado de nada ni nadie nos ha preguntado nada. Nos han puesto un libro sobre la mesa, nos han dicho que se llama la Constitución y nos han hecho aceptarlo como si fuese una escritura sagrada.

No hace mucho veía en televisión uno de esos debates que las cadenas españolas montan para denigrar a los catalanes, y ahí intervenía un joven del PP que insistía una y otra vez en lo de que todos hemos votado la Constitución y que con ella todos nos hemos dotado de unos derechos. Este tipo de personas hablan de ello como si realmente hubiesen votado en aquel referéndum que se celebró diez o quince años antes de que ellos naciesen.

En lugar de intentar engañarse a sí mismos, tratando de autoconvencerse de que la Constitución la votamos todos, mejor sería que todo el mundo comenzase a entender que ha llegado el momento de reformar el texto constitucional.

Una Constitución que no contempla la existencia de la nación vasca ni de la nación catalana es un texto que nada tiene que ver con la realidad social y política que se vive a día de hoy en el estado español.

Ya va siendo hora de que los ciudadanos nacidos en las décadas de los sesenta, los setenta, los ochenta y los noventa podamos decidir algo en relación a este asunto del texto constitucional. Hasta ahora todo nos ha venido impuesto por lo decidido por las generaciones nacidas antes de la década de los años sesenta.

El problema es que tal y como está montada la política española pongo en duda eso de que la Constitución es de todos los ciudadanos del estado español. Hoy por hoy, la Constitución es un texto que pertenece a los dirigentes políticos de los cuatro grandes partidos españoles. De esas cuatro personas depende si la Constitución se reforma o no. Y si se llegase a realizar algún tipo de reforma, se hará tal y como ellos cuatro quieran. Solo ellos cuatro tendrán derecho a decidir. Esto sí, esto no, esto ponlo de esta forma, y esto de esta otra manera. Una reforma constitucional en la que todo lo decidan los líderes del PP, del PSOE, de Podemos y de Ciudadanos no servirá de nada.

La reforma que requiere el texto constitucional necesita que todas las principales fuerzas políticas de las diferentes naciones que conforman el estado español participen por igual en ella. Y si no se hace así, pues mejor no hacer nada.

Si una posible futura reforma constitucional pasa solo por lo que decidan los líderes de los partidos políticos españoles, entonces esa reforma no representará ni al pueblo vasco ni al catalán.

Si no hay una verdadera intención por parte de los dirigentes políticos españoles en reformar la Constitución, que al menos dejen de decir que la actual Constitución es la de todos, la que votamos todos y con la que todos nos dotamos de unos derechos.

El día que se celebró el referéndum constitucional yo no pude expresarme en las urnas porque a los niños que acudimos con chupete y pañales no nos dejaron votar.

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