Sumar o dividir

Las personas que se oponen al derecho a decidir del pueblo vasco suelen evidenciar, con mucha frecuencia, profundas carencias de índole aritmético.

Cuando en el seno de la sociedad vasca se abren debates cuyo epicentro gira en torno al reconocimiento de nuestro derecho a decidir, al reconocimiento europeo de Euskadi como nación, o incluso a la posibilidad de que algún día el mundo reconozca la existencia de un estado vasco, siempre surgen las voces discordantes de los adalides del nacionalismo español, calificando a esos avances de división. Luego, rodeados de ese supuesto halo de infalibilidad que creen poseer los ultranacionalistas españoles, añaden en tono de regañina, que lo importante es sumar y no dividir.

Por tanto, la cuestión es definir qué significa para esas personas los conceptos de división o suma, y qué significa para nosotros.

Para las personas que en Euskadi se posicionan ideológicamente del lado del nacionalismo español, de derechas o de izquierdas, dividir es toda aquella iniciativa social o política que se desmarque del apolillado concepto de la España una y grande. Les trae sin cuidado si esa iniciativa cuenta con el respaldo de la mayoría de la sociedad. Si a ellos no los complace en lo más profundo de su patriótico espíritu español, entonces lo califican de división, fractura social, o ruptura. Del mismo modo, para este tipo de personas, sumar es toda iniciativa social o política que permita instalar el inmovilismo en Euskadi, y que rebaje a nuestro pueblo y a nuestro país a la categoría de región española. Todo aquello que someta, ate o amordace a la voz mayoritaria del pueblo vasco, aunque cuente solo con el apoyo de cuatro y un tambor, es calificado por los patriotas españoles de suma.

En resumen, si el panorama sociopolítico de Euskadi está como los nacionalistas españoles quieren que esté, entonces estamos sumando. Ahora que si el panorama sociopolítico de nuestro país avanza hacia el nuevo estatus que reclama la mayoría del pueblo vasco, entonces lo califican de división.

Aunque los problemas aritméticos del ultranacionalismo español en Euskadi ya vienen de lejos. Se han pasado décadas disertando y divagando sobre una inexistente sociedad vasca repartida al 50% entre aquellos que se sienten españoles y los que nos sentimos vascos. No hay más que observar los datos electorales de los últimos años para ver que el españolismo en Euskadi apenas roza un 30%, y está cuesta abajo y sin frenos. Esa sociedad repartida a partes iguales solo existe en su imaginación y, a nivel subconsciente, en sus ancestrales sueños imperialistas de colonización que a lo largo de los últimos cinco siglos han tratado de absorber la identidad vasca para diluirla en un mar de rancio patriotismo español.

Del desatino aritmético en el que viven instalados los ultranacionalistas españoles en Euskadi, subyace una preocupante carencia de espíritu democrático. Para ellos solo se está sumando cuando su minoría impone sus criterios sobre nuestra mayoría. En cambio, si la mayoría decide, como debe ser en toda sociedad democrática, entonces ellos lo califican de división y se niegan a aceptar o a respetar lo que la mayoría reclama. Eso no es democracia. En una auténtica democracia la mayoría decide y la minoría respeta. En Euskadi, por desgracia, no funciona así. Aquí, por ahora, en lo referente al derecho a decidir del pueblo vasco, la minoría ultranacionalista española impone, y la mayoría vasca tenemos que limitarnos a aceptar sus caprichosas imposiciones.

Incorporar a nuestros derechos el derecho a decidir es una suma y no una división. Y aspirar a sumar una nueva nación a Europa, o incluso algún día llegar a sumar un nuevo estado a la ONU, nunca se puede calificar de división. Se puede estar de acuerdo o no, pero sumar es sumar, y dividir es algo muy diferente.

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