Tres millones de héroes

El domingo 1 de octubre de 2017 ya ocupa un lugar de honor en la historia de los pueblos que han tenido que ganarse el derecho a ser libres. En esta inolvidable fecha, el pueblo catalán ha acudido a votar en un referéndum de independencia que, por muchos motivos, va a cambiar el futuro de Catalunya y del estado español. De los 2.262.424 votos escrutados, 2.020.144 han sido favorables a la independencia de Catalunya. Me gustaría que estas fuesen las únicas cifras que hubiese que citar en este artículo, pero lamentablemente hay que hacer mención de otras.

Tres millones de ciudadanos catalanes, desarmados y sin actitudes violentas, salieron de sus casas con el deseo de ejercer su derecho a decidir en las urnas. Se jugaron su integridad física frente a 10.000 guardias civiles y policías nacionales armados hasta los dientes y con muchas ganas de guerra. De esos tres millones de héroes, 900 terminaron en los hospitales víctimas de las agresiones policiales, mientras que varios miles presenciaron cómo eran asaltados más de 300 colegios electorales y requisadas las urnas con sus votos. Votos robados que, evidentemente, no pudieron formar parte del escrutinio final, pero que tienen un valor simbólico muy grande para todos aquellos que somos verdaderos demócratas.

El 29 de septiembre, el presidente del régimen totalitario en el que se está convirtiendo el estado español aseguró con arrogancia que el 1 de octubre en Catalunya no habría ni papeletas ni urnas ni colegios electorales abiertos. Pero tres millones de héroes catalanes lograron que sí hubiese papeletas, que sí hubiese urnas y que sí hubiese colegios electorales abiertos. Se jugaron la vida defendiendo las puertas de los colegios para que no fuesen cerrados. La violencia policial logró asaltar algunos, pero la mayoría permanecieron abiertos gracias a la resistencia pacífica de estos tres millones de héroes que han cautivado la admiración de todos los países. Las imágenes de lo sucedido en Catalunya han dado la vuelta al mundo y a estas alturas ya todos saben la verdad sobre lo que es el estado español. Esperemos que eso sirva para que la comunidad internacional abra los ojos y sea consciente de los niveles de represión política y social que sufrimos el pueblo vasco y el pueblo catalán.

Las imágenes de la guardia civil y la policía nacional agrediendo brutalmente a hombres, mujeres, ancianos y menores de edad deberían avergonzar a todo el mundo, pero por desgracia no es así. Hoy, 2 de octubre de 2017, miles de españoles, entre ellos muchos seudoperiodistas y tertulianos de telebasura y radiobasura, justifican esas escenas en las que ven a su policía machacando a catalanes. Son los mismos cabestros asilvestrados que hace una semana llenaron las plazas de muchas localidades españolas para animar a que la guardia civil y la policía nacional usasen la violencia en Catalunya, cantándoles aquello de «¡A por ellos, a por ellos!» ¿Podemos convivir los vascos y los catalanes dentro del estado español con gentuza de esa despreciable catadura moral?

Si lo que se pretendía era impedir que el pueblo catalán votase, no era necesario el uso de la violencia. En cada colegio electoral se presentaban alrededor de cincuenta guardias civiles, frente a ciudadanos desarmados que no tenían intención de presentar resistencia violenta. ¿Era necesario pegarles para entrar en los colegios? La respuesta es evidente, no. Pero a nadie que conozca medianamente bien la historia de España debería sorprenderle la brutal actuación de la guardia civil en Catalunya este 1 de octubre. Sustentaron el levantamiento fascista del 18 de julio de 1936 que arrastró al estado español a una sangrienta guerra que duró tres años. Durante el conflicto bélico, ejecutaron a miles de seres humanos inocentes por el simple hecho de no aceptar su idea de la España una y grande. Tras la guerra, llegaron cuatro décadas de represión dictatorial en las que la guardia civil se convirtió en el brazo ejecutor de gran parte de los crímenes franquistas. Después, en 1981, cuando el estado español creía estar convirtiéndose en una democracia, la guardia civil protagonizó un golpe de estado que trató de reinstaurar la dictadura militar. Con esos antecedentes, ¿cómo puede haber aún personas que se sorprendan viendo las imágenes protagonizadas por la guardia civil en Catalunya el 1 de octubre de 2017? En esas escenas de violencia desmedida e innecesaria, se ve a la guardia civil de siempre haciendo lo único que saben hacer, como en 1936, como en las cuatro décadas de dictadura fascista o como en el golpe de estado que dieron el 23 de febrero de 1981. Mientras que el estado español no disuelva y haga desaparecer ese vergonzoso cuerpo policial, represivo y violento, nunca podrá considerarse una auténtica democracia.

Tras la celebración del referéndum, se espera que en los próximos días se produzca en el Parlament una declaración de independencia. Y ante esta posibilidad, quisiera apelar a la conciencia de los millones de ciudadanos españoles que dicen ser demócratas para pedirles que no permitan que los dirigentes del estado español cometan una masacre en Catalunya. El pueblo catalán ha decidido independizarse del estado español y hay que respetarlo y aceptarlo. No más amenazas, no más arrestos, no más violencia, no más sangre de inocentes.

Pase lo que pase en los próximos meses en Catalunya, os quiero recordar al pueblo catalán que nunca caminareis solos. En la nación vasca os queremos con toda el alma y siempre estaremos a vuestro lado. Visca Catalunya!

 

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